TERRITORIOS QUE SE ADAPTAN
Comunidades, productoras, productores y organizaciones locales impulsan prácticas que cuidan el territorio y el paisaje, sostienen la producción y fortalecen su capacidad de adaptación frente al cambio climático.
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El cambio climático ya modifica la duración de las lluvias, prolonga los periodos secos, eleva la temperatura y reduce la humedad disponible en el suelo. Adaptarse implica entender cómo se mueve el agua en cada sistema productivo y tomar decisiones que reduzcan el escurrimiento, conserven la humedad y permitan sostener la producción. Acompañamos a organizaciones locales en el desarrollo de prácticas, capacidades técnicas y acuerdos que llevan estos cambios de las parcelas al territorio.
Adaptación, gobernanza
y aprendizaje
Como parte del proyecto SAbERES, en Gaia acompañamos, junto con organizaciones locales, procesos territoriales en Hidalgo, Tlaxcala, Oaxaca y Chiapas. El trabajo articula planeación, fortalecimiento de capacidades y prácticas de Adaptación basada en Ecosistemas (AbE) para sostener la producción, los medios de vida y las funciones del paisaje frente al cambio climático. Nuestro trabajo territorial también incluye Quintana Roo, mediante procesos que no forman parte de SAbERES. La adaptación requiere organizaciones capaces de observar los cambios, acordar prioridades, poner a prueba prácticas y sostener decisiones a lo largo del tiempo.
La gobernanza territorial permite definir qué se maneja, qué se conserva, cómo se distribuyen las responsabilidades y de qué manera los aprendizajes de una parcela pueden servir a otras familias y comunidades.
Este proceso reconoce y fortalece el trabajo que las mujeres ya realizan en la producción, la organización y el manejo del territorio, y amplía su participación en los espacios donde se decide. Para las juventudes, abre rutas de formación, responsabilidades reales y oportunidades para participar en la continuidad y renovación de estos procesos.
TERRITORIOS
En Gaia, el proyecto SAbERES se desarrolla en territorios con condiciones ecológicas, sistemas productivos y procesos organizativos distintos. En el trabajo acompañado desde GAIA, esta ruta se despliega en Hidalgo, Tlaxcala, Oaxaca y Chiapas, en asociación y colaboración con organizaciones locales que impulsan acciones de adaptación desde sus propios contextos. La red de trabajo en estas microrregiones forma parte de un proceso más amplio de gestión territorial y adaptación al cambio climático, vinculado con milpa de espeque, café de sombra, silvicultura comunitaria, milpa del altiplano – metepantle, y vida silvestre.
SISTEMAS
PRODUCTIVOS
La adaptación toma una forma distinta en cada sistema. Una milpa, un cafetal, un metepantle y un bosque responden a ciclos, condiciones ecológicas y formas de organización diferentes. Por eso, el manejo comienza por entender cómo funciona cada sistema, qué riesgos enfrenta y qué decisiones pueden fortalecer su producción, su diversidad y su relación con el territorio.
Café
Café
Metepantle
Metepantle
Milpa de espeque
Milpa de espeque
Silvicultura
Comunitaria
Silvicultura
Comunitaria
Vida Silvestre
Vida Silvestre
Café
El café bajo sombra es un sistema agroforestal en el que los cafetos, la vegetación asociada y el suelo se manejan de manera conjunta para regular la temperatura, retener humedad, conservar la fertilidad y favorecer una producción más estable. La incorporación de coberturas y biomasa, el manejo de la sombra y la selección de variedades ayudan a mantener la salud, productividad y calidad del cultivo frente a cambios en las lluvias, el aumento de la temperatura, las plagas y las enfermedades. Una estructura vegetal diversa también proporciona hábitat para polinizadores y otras especies, y conecta las parcelas con bosques y otros ecosistemas. Su fortalecimiento implica desarrollar capacidades técnicas y organizativas, así como cadenas de valor que reconozcan la calidad y el origen del café y mejoren los ingresos de las familias productoras. Gaia trabaja este sistema en Oaxaca y Chiapas con SICOBI, CORENCHI, Finca Triunfo Verde y la Unión de Ejidos y Comunidades San Fernando.
Metepantle
En la milpa del altiplano, el metepantle es un sistema agroforestal que organiza la parcela para manejar el agua, conservar el suelo y mantener su fertilidad. Combina los cultivos de la milpa con bordos de maguey, nopales, frutales y otras especies, que van formando terrazas de manera gradual: frenan el escurrimiento, favorecen la infiltración y protegen los cultivos, mientras diversifican la producción. Así, el metepantle responde mejor a la sequía y a la irregularidad de las lluvias, favoreciendo una producción más estable a lo largo del tiempo.
En 2025, la FAO reconoció al metepantle de Tlaxcala como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, el tercero de este tipo en México, abriendo oportunidades para fortalecer su conservación y desarrollar cadenas de valor a partir del maguey. Gaia trabaja en su fortalecimiento en Tlaxcala con el Grupo Vicente Guerrero, y en Hidalgo con Magueyal Sujeto y Comunidad.
Milpa de espeque
En la milpa tropical de espeque, la siembra se hace con un bastón de madera, llamado espeque, con el que se abren pequeños huecos en la tierra sin remover el suelo. Junto con el maíz se cultivan frijol, calabaza y otras especies que se eligen de acuerdo con las condiciones y necesidades de cada comunidad. Mantener el suelo cubierto, aprovechar los restos de la cosecha, incorporar abonos verdes y dar descanso al terreno ayuda a conservar humedad, reducir la erosión y recuperar fertilidad.
La diversidad de cultivos y semillas locales permite responder mejor cuando las lluvias se vuelven irregulares, se prolongan los periodos secos o aparecen plagas, y ayuda a mantener la producción de alimentos a lo largo del tiempo. Gaia trabaja en su fortalecimiento en Oaxaca con SICOBI, CIINDER KUKOJ y CORENCHI.
Silvicultura
Comunitaria
En la silvicultura comunitaria, el cuidado y aprovechamiento del bosque se organizan mediante acuerdos y decisiones de las comunidades. Con planes de manejo y trabajo técnico se define dónde y cómo aprovechar, qué áreas conservar y qué acciones realizar para favorecer la regeneración natural, prevenir incendios y controlar plagas.
Este manejo ayuda a conservar bosques con árboles de distintas especies y edades, proteger el suelo y cuidar las zonas donde el agua se infiltra y alimenta los manantiales, fortaleciendo la capacidad del bosque para responder a sequías, lluvias intensas y otros cambios. La madera y otros recursos forestales generan empleo e ingresos para las comunidades, mientras el bosque conserva su capacidad de renovarse. Gaia trabaja en su fortalecimiento en la Sierra Juárez de Oaxaca con UZACHI.
Vida Silvestre
La vida silvestre forma parte de la funcionalidad del territorio y depende de condiciones como cobertura vegetal, conectividad, disponibilidad de agua y calidad del hábitat. Su presencia está vinculada a la salud ecológica del paisaje y a la capacidad del territorio para sostener relaciones vivas entre especies, vegetación y procesos ecológicos. Trabajar esta dimensión implica cuidar corredores, refugios, vegetación y condiciones que permitan permanencia y movimiento dentro del territorio. Esta línea se trabaja en Oaxaca en procesos de conservación biocultural y manejo comunitario del paisaje.
AGUA
AGUA
COMO EJE DE
COMO EJE DE
ADAPTACIÓN
ADAPTACIÓN
El agua recorre y conecta el territorio: llega con la lluvia, se infiltra y permanece como humedad en el suelo, circula por la vegetación y alimenta manantiales y cauces. De este recorrido dependen la vida y la fertilidad del suelo, la regulación de la temperatura y la capacidad de milpas, cafetales y bosques para sostenerse. Cuando el suelo pierde cobertura y disminuye su capacidad de conservar agua, aumentan el escurrimiento y la erosión, la vegetación enfrenta mayor estrés y la producción se vuelve más vulnerable al calor, la sequía y las lluvias intensas.
La humedad del suelo sostiene fertilidad, actividad biológica y capacidad de respuesta.
La cobertura conserva agua, protege el suelo y reduce su exposición
La permanencia del agua influye en la parcela, en el cultivo y en el paisaje.
La vegetación regula la temperatura y crea condiciones mas estables para el sistema productivo
La estabilidad de la producción depende de cómo el agua entra, se retiene o se pierde.
La forma en que se organiza el territorio influye en la circulación y permanencia del agua.
Trabajar con el agua implica observar de dónde viene, cómo se mueve y dónde permanece. También requiere manejar la cobertura del suelo, la estructura de la vegetación, las pendientes y los escurrimientos, además de construir acuerdos que conecten las decisiones de cada parcela con las necesidades del territorio. La adaptación avanza cuando estas condiciones pueden sostenerse a lo largo del tiempo y favorecen simultáneamente la producción, el paisaje y los medios de vida.
ELEMENTOS CLAVE PARA LA ADAPTACIÓN
Para entender cómo responde un sistema productivo frente al cambio climático, observamos cuatro principios desde la parcela hasta el paisaje: fertilidad, permeabilidad, diversidad y conectividad. En conjunto permiten reconocer cómo están funcionando el suelo, el agua y la vegetación, y qué condiciones necesitan fortalecerse para sostener la producción y las relaciones ecológicas del territorio.
FERTILIDAD
La fertilidad surge de un suelo con vida, materia orgánica, buena estructura y circulación de nutrientes. Estas condiciones permiten almacenar más humedad, sostener la vegetación y mantener la producción. Cuando disminuyen la actividad biológica y la materia orgánica, el suelo pierde capacidad para responder al calor, la sequía y las lluvias intensas
PERMEABILIDAD
La permeabilidad es la capacidad del suelo y del sistema para permitir que el agua entre, circule y permanezca disponible. La cobertura, las raíces, la materia orgánica y el manejo de las pendientes ayudan a favorecer la infiltración. Cuando el agua escurre con demasiada rapidez, la parcela pierde humedad, suelo y nutrientes.
DIVERSIDAD
La diversidad reúne especies, variedades y formas de vegetación que cumplen funciones complementarias. Algunas producen alimento o biomasa; otras aportan sombra, protegen el suelo, fijan nutrientes o brindan hábitat. Esta combinación crea más posibilidades para sostener el sistema cuando cambian las lluvias, la temperatura o la presencia de plagas.
CONECTIVIDAD
La conectividad permite que el agua, el viento, las semillas, los polinizadores y otras especies se muevan entre parcelas, sistemas productivos y áreas de vegetación. Mantener estas relaciones ayuda a que las acciones realizadas en una unidad productiva formen parte de un paisaje con mayor capacidad de respuesta.
Planes de Adaptación al Cambio Climático (PACC)
Son la metodología con la que cada organización ordena lo aprendido en el territorio y lo convierte en prácticas, acuerdos y metas de adaptación. Parten de las condiciones climáticas locales, del funcionamiento de cada sistema productivo y de las capacidades de la organización para articular decisiones en la parcela, la comunidad y el territorio.
Se construyen desde el territorio
Cada PACC comienza por observar qué está cambiando en el clima y cómo responde el sistema productivo. Productoras, productores y equipos técnicos reconocen los principales riesgos, recuperan prácticas que ya funcionan y acuerdan cuáles necesitan probar o fortalecer. A partir de esta lectura definen prioridades, responsabilidades y formas de dar seguimiento a los cambios.
La adaptación se ajusta con lo aprendido
Las prácticas se ponen a prueba en las parcelas, se observan sus resultados y se ajustan de acuerdo con las condiciones de cada lugar. Lo aprendido se comparte dentro de la organización y orienta nuevas decisiones en la comunidad y el territorio. Así, el PACC no queda como un documento fijo, sino que acompaña un proceso continuo de adaptación.
La adaptación al cambio climático se construye en parcelas, bosques, sistemas productivos y espacios de decisión colectiva.
En el territorio se articulan condiciones ecológicas, prácticas productivas y toma de decisiones para incidir en la capacidad de respuesta frente al Cambio Climático.
La Estrategia de Adaptación para el Cambio Climático organiza la transición en cinco niveles independientes:
Manejo de la fertilidad y estructura del suelo
Coberturas y abonos verdes
Es la incorporación de especies vegetales (vivas o muertas) que cubren el suelo sin competir directamente con el cultivo principal y que benefician al sistema agrícola mejorando la producción de materia orgánica y la retención de la humedad; disminuyendo la temperatura del suelo y aumentando su fertilidad.
Su incorporación tiene la finalidad de estabilizar y aumentar la producción, mejorar la calidad del producto, así como reducir costos y esfuerzo en el manejo.
Labranza mínima
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Consiste en realizar las siembras reduciendo al mínimo el movimiento del suelo. Se busca evitar el volteo a fin de mantener su cobertura, materia orgánica, microorganismos, humedad y estructura para mejorar la respuesta adaptativa al estrés hídrico o sequía. La práctica se logra con la sustitución de herramientas y prácticas promoviendo el uso de sembradoras de corte, coas o punzones, apoyado por cobertura superficial viva o muerta (ya sean naturales o sembradas).
Abonos orgánicos
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El manejo de abonos orgánicos es una práctica que busca promover la regeneración de la fertilidad del suelo, mejorando la nutrición vegetal mediante la aplicación estratégica de minerales disponibles, materia orgánica y microorganismos benéficos para el suelo y las plantas. Los abonos orgánicos considerados dentro de esta práctica son: quelatos, bioles, compostas y lombricompostas.
Microorganismos
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El manejo de microorganismos específicos consiste en la preparación y aplicación de productos biológicos elaborados a partir de microorganismos benéficos (bacterias, hongos y levaduras) con el objetivo de fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas y aumentar su productividad, reduciendo las situaciones de estrés que afectan a las plantas (plagas y enfermedades) y favoreciendo un entorno microbiano activo que potencia la fertilidad natural del suelo.
Acomodo de biomasa
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Consiste en la distribución de restos de podas o materiales orgánicos, principalmente troncos o ligninas, para cubrir el suelo, conservar humedad y aportar energía/alimento a los microorganismos del suelo.
Mejoramiento de variedades y manejo de densidades
Selección y manejo de variedades
La selección de variedades abarca todo el proceso de mejora de las especies o variedades de interés para la producción agrícola, que normalmente implica cualificar sus valores de relación (convivencia y asociación), capacidad productiva (tamaño, sabor, color, forma o producción), propiedades nutricionales, potencial estructural, adaptación climática, formas de crecimiento o por su tolerancia a las plagas y enfermedades, entre otras características.
Densidad de cultivo
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La densidad de cultivo se basa en definir el número de plantas por superficie, su espaciamiento y el volumen de cosecha que se buscar obtener (kg/ha).
La decisión de la densidad del cultivo es clave para la planificación del sistema de acuerdo con los cultivos de interés, ya que repercute directamente en la diversificación, estratificación, demanda de los nutrientes y en el sostenimiento de los medios de vida de las familias productoras.
Poda o manejo de tejidos
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La poda consiste en cortar, despuntar o manejar ramas, tallos y tejidos de árboles, arbustos o cultivos perennes (como café, agaves, frutales, árboles funcionales, entre otros) con el fin de regular su crecimiento, mejorar su productividad y mantener la salud del sistema. El objetivo de las podas es permitir la estratificación, mejorar la entrada de luz, aireación, control de plagas, facilitar la cosecha y equilibrar la relación entre raíces, follaje y frutos para aumentar la productividad del cultivo.
Diversificación productiva y funcional
Rotación de cultivos, sucesión productiva o descansos
Esta prática es una estrategia basada en el principio ecológico de la sucesión vegetal natural, adaptada a sistemas agrícolas. Permite mejorar progresivamente las condiciones del sitio mediante la transición planificada de sistemas simples (cultivos anuales) hacia sistemas más complejos y estables (policultivos perennes o agroforestales). Su objetivo es regenerar la fertilidad del suelo, romper los ciclos de plagas y enfermedades, y aumentar la biodiversidad funcional del sistema.
Diversificación productiva y asociación de cultivos
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La diversificación productiva consiste en integrar y mezclar diferentes especies vegetales dentro de un mismo sistema de producción–parcela, que se complementan en su desarrollo y/o función para obtener una canasta diversa de productos dentro de un mismo ciclo agrícola y unidad productiva (parcela). Se implementa a través de promover asociaciones de cultivos, policultivos e integración de cultivos con ganadería, fomentando una mayor resiliencia sostenibilidad.
Diversificación funcional
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La diversidad funcional de la estructura vegetal se refiere a la incorporación de distintas especies funcionales dentro de los diferentes estratos o niveles de un sistema de producción. Además, nos permite generar sistemas con mayor complejidad que se traduzca en mejores condiciones del cultivo en términos de salud y fertilidad, así como una estabilidad microclimática y diversidad productiva claves para las incertidumbres futuras.
Manejo de la estructura agroecosistémica
Trazo de la parcela
El trazo del cultivo consiste en el diseño del arreglo espacial en función de los patrones de pendiente, distribución de la humedad, tipos de suelo, disponibilidad de luz y circulación del viento o accesos. Debe de adaptarse a las condiciones del sistema y, en caso de tener la oportunidad de diseñar desde el inicio, se puede procurar hacer diseños eficientes para la distribución de la humedad, trazo de caminos y facilitar las labores.
Formación de estructura vegetal
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Es una práctica agroecológica inspirada en los ecosistemas naturales, enfocada en el diseño y manejo de la vegetación en distintos estratos, desde la escala parcela hasta el paisaje. Busca mejorar las condiciones del sitio mediante asociaciones de cultivos y especies útiles que ocupan diferentes niveles de altura, creando sistemas más eficientes y resilientes que fortalezcan los servicios ecosistémicos y fomente la conectividad entre parcelas y con otros sistemas naturales o productivos aledaños.
Manejo de polinizadores
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El manejo de polinizadores abarca un conjunto de acciones de diseño y manejo del agroecosistema orientadas a sostener y aumentar la visita efectiva de polinizadores (insectos, aves y mamíferos) para favorecer la polinización vegetal; mejorar el rendimiento y la calidad del cultivo; e impulsar la preservación de la biodiversidad genética. Está demostrado que la presencia de flores atrae fauna benéfica que ayuda en los procesos de polinización y de regulación plagas.
Integración y manejo animal
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La presencia de rumiantes o herbívoros en los agroecosistemas es clave para el ciclaje de biomasa e incorporación de microorganismos. Además de ser una excelente manera de diversificar ingresos, ayuda a obtener una fuerza de trabajo, producir alimento o simplemente aprovechar recursos obtenidos de la diversificación funcional de los agroecosistemas.
Manejo del territorio
Delimitación de zonas de vida silvestre
Identificar y proteger parches, corredores y cuerpos de agua para conservar biodiversidad y servicios ecosistémicos.
La estrategia parte del suelo y escala hacia el paisaje. Esa progresión ayuda
a entender que la adaptación no se resuelve con una sola técnica, sino con cambios articulados en el manejo de los sistemas productivos.
Esta ruta permite transformar sistemas productivos simplificados en agroecosistemas más resilientes.
Infraestructura para la adaptación
UNIDADES DE SOPORTE TECNOLÓGICO
Las Unidades de Soporte Tecnológico permiten que el conocimiento se traduzca en práctica. Son espacios donde se producen bioinsumos, se resguardan semillas, se producen plantas y se fortalecen capacidades técnicas para el manejo del territorio. Su función es sostener procesos en el tiempo, facilitar la adopción de prácticas y acompañar decisiones que influyen directamente en la producción, el suelo y el agua.
VOCES
DE LA ADAPTACIÓN
Merced López - Sicobi
Merced comparte, desde su experiencia, cómo ha transformado su parcela para responder a los retos del cambio climático.
En este video, habla de las prácticas agroecológicas que ha implementado, como barreras vivas, coberturas vegetales y otras formas de manejo que han mejorado la salud del suelo, la producción y la vida dentro de su parcela.
Su experiencia también se ha vuelto una referencia para otras productoras y productores de su comunidad, quienes se acercan a preguntarle qué ha hecho al notar los cambios en el terreno. Desde ahí, Merced invita a mirar, aprender y adaptar estas prácticas en otras parcelas, fortaleciendo la soberanía alimentaria y el cuidado del territorio.
Arcadio Rojas - Sicobi
Arcadio Rojas comparte una experiencia de selección de maíces orientada a mejorar el rendimiento en su parcela.
En este video, explica cómo ha trabajado durante los últimos dos años con distintas variedades de maíz para identificar cuáles se adaptan mejor a las condiciones de su territorio y ofrecen mejores resultados productivos.
A partir de la selección masal, Arcadio observa, compara y elige las plantas que muestran mayor potencial, especialmente aquellas que producen dos mazorcas en lugar de una. Con esta práctica busca aprovechar mejor el mismo espacio de cultivo: producir más en la misma superficie, sin depender únicamente de ampliar el terreno.
Su experiencia ya empieza a compartirse con otras productoras y productores de su organización, como un aprendizaje práctico que puede fortalecer la producción local, el manejo de semillas y la adaptación de la milpa a las condiciones del territorio.
Jacinto Pérez - Sicobi
Jacinto Pérez reflexiona sobre el cambio climático y la necesidad de transformar el trabajo en el campo.
En este video, habla de cómo los fenómenos climáticos se han vuelto más intensos: lluvias más fuertes, suelos que pierden humedad con mayor rapidez y parcelas que enfrentan condiciones cada vez más difíciles para producir.
Desde su experiencia, Jacinto plantea que las y los campesinos son quienes mejor pueden observar qué necesita el territorio y qué prácticas deben aplicarse para responder a esos cambios. Su testimonio muestra que la adaptación también es un proceso de aprendizaje continuo. Con el tiempo, las productoras y productores comienzan a ver los resultados de estas prácticas y reconocen que nuevas formas de manejo pueden ayudar a cuidar la tierra, fortalecer la producción y generar mayor conciencia sobre el cuidado del planeta.
Guadalupe Romero - Sicobi
En este video, narra cómo comenzó su trabajo en el territorio, los retos que ha enfrentado como mujer técnica comunitaria y el proceso que la ha llevado a fortalecer sus conocimientos sobre la parcela, el suelo, el café y el paisaje.
Su testimonio muestra cómo los talleres y espacios de formación han cambiado su manera de observar el territorio frente al cambio climático. A partir de ese aprendizaje, Guadalupe reconoce la importancia de acompañar prácticas que mejoran el manejo de las parcelas y contribuyen a elevar la calidad del café.
También habla de los avances que han logrado las y los productores, hasta alcanzar cafés de excelencia. Desde su experiencia personal, Guadalupe comparte con orgullo los resultados obtenidos y reafirma que el aprendizaje continuo, la organización y el trabajo en campo son claves para seguir fortaleciendo la producción y la adaptación en su territorio.